Recordando al Hno. Antonio Castagnatti como académico

Marino Latorre Ariño
Santiago de Surco
Lima, 4 de junio 2014

Nos reunimos esta tarde para recordar – en el sentido etimológico del término “volver al corazón lo que en el corazón estuvo” – al Hno. Antonio Castagnetti Morini, fundador de la UMCH y rector de la misma durante 20 años.

En estos momentos “estoy preso entre las redes de un poema”, como cantaba José José, — o como dirían los clásicos entre Scila y Caribdis — tratando de expresar ese estado de admiración y dependencia que experimenta una persona respecto de otra y del que es difícil escapar. Hay personas a las que se las ama, se las quiere y hay personas a las que se las quiere y también se las admira. Es mi caso con el Hno. Antonio Castagnatti. Yo estoy en Perú desde hace más de 12 años, porque él me lo sugirió, medio en serio medio en broma. Él decía, riendo, que yo era su conquista para el Perú y la Universidad…

Pero vayamos al tema que nos ocupa: el Hno. Antonio Castagnetti como académico.

Dice santo Tomás que para comprender a una persona, hay que conocer el momento histórico en que vivió, conocer cómo vivió y lo que produjo o hizo; conocer la vida del autor es conocer ya parte de su obra, por lo menos el origen y contexto en el que se desarrolló su producción intelectual.

Antonio Castagnetti Morini nació hace 93 años en Regi Emilia, ciudad del norte de Italia. Sus dotes de carácter y un ambiente familiar cristiano, posibilitaron que, junto con dos de sus hermanos, entrara en la congregación Marista y viniera al Perú en 1939.

Llegó a los 18 años. Muchas veces me contó que tuvo que salir de Italia de forma precipitada; ligero de equipaje – diría el poeta –, pues la 2ª Guerra mundial había estallado y era posible que no se pudiera atravesar el Atlántico en un futuro muy próximo.

Estudió Química en la UNMSM, pero luego de dos años pasó a las humanidades; se graduó en Educación y después obtuvo una Maestría en Psicología en la Universidad de Columbia (EE.UU.), doctorándose después en Educación, en la UNMSM. Hablaba cuatro idiomas (francés, italiano, español y el inglés).

Fue director del colegio Champagnat de Miraflores, además de desempeñar cargos de responsabilidad en el gobierno de la Provincia marista del Perú durante seis años. Con esta experiencia de gobierno y su bagaje intelectual dirigió, desde 1973, la Escuela Normal Superior Marcelino Champagnat que comenzó en Chosica y que después se transformó en Instituto Pedagógico Superior hasta que el año 1990 pasó a ser la Universidad Marcelino Champagnat de la que fue el primer rector.

Antonio Castagnetti era un lector asiduo; muchos de sus trabajos y libros transparentan el tipo de literatura que frecuentaba; sobre todo de tipo religioso y psicológico.

Él fue el primero en producir en la Universidad libros originales – inéditos — para los estudiantes de la universidad; muchos de sus alumnos han estudiado con ellos; citamos algunos, como Metodología de estudios universitarios, Psicología general, Psicología religiosa, Psicología experimental, Lecciones de teología moral (sin publicar) y tradujo del italiano un libro de Mariología, etc. Se dedicó a la tarea de escribir hasta los últimos años de su vida. Ya retirado en la enfermería quería publicar un libro sobre Consejos prácticos para la práctica pedagógica, que no concluyó.

El Hno. Antonio Castagnetti era discípulo del psicólogo alemán exiliado Walter Blumenfeld que trabajó en el Perú desde la década de 1930. Este académico fue quien introdujo la psicología experimental en el Perú, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la que fue profesor. Blumendeld dejó profunda huella en Antonio Castagnetti y por esta razón escribió el libro de Psicología experimental; a eso se debe su predilección por el uso de materiales de laboratorio de psicología experimental… que poco o nada se utilizan actualmente, pues la Psicología va por otros derroteros.

José Antonio Marina ha dicho que “para educar a un niño se necesita la tribu entera” y yo añado: “para educar a un niño se necesita una buena tribu completa”… Creo que esto lo comprendió muy bien Antonio Castagnatti y por esta razón cuidaba con esmero “el entorno y el ambiente educativo de la Universidad”… en lo relacionado con los profesores, los estudiantes, el personal administrativo y personal de servicio… y él mismo era sencillo en el trato y accesible.

Hay rectores que viven en el olimpo de su oficina y para acceder a ellos hay que pasar los innumerables filtros de la burocracia… Una de las cualidades de un directivo cualificado es el que crea un ambiente adecuado, es capaz de reducir los asuntos complejos a planteamientos entendibles y se relaciona fácilmente con la gente.

Uno de los síndromes actuales de la comunicación es el “síndrome de Hammurabi”… el líder que lo padece frena la comunicación mediante complejos procedimientos de autorizaciones, manuales de procedimientos, formatos de control y, en general, utiliza un papeleo inútil que hace de la comunicación un proceso lento, inútil e improductivo.

Ciertamente el H. Antonio no tenía ese síndrome… cuando veía algo claro era expeditivo en la toma de decisiones; daba un golpecito en la mesa y decía: ¡Adelante! Se cumplía en él el principio del gurú de la calidad y liderazgo educativo, Philip B. Crosby: “Gobernar es el arte de hacer que las cosas sucedan…”.

Este era Antonio Castagnetti: accesible, sencillo en el trato, cordial con los profesores y estudiantes, etc. Lo expresaba con su presencia en los momentos de descanso, hablando con todos en los patios… Hasta en la puerta de entrada de la Universidad a la hora de llegada de los estudiantes… para sonrojo de los rezagados… ¡claro! Practicaba la pedagogía de la presencia, que decimos. ¿Cuándo se ha visto a un rector impartir clases a los estudiantes de primer año? Pues a esos estudiantes dedicaba él su trabajo, impartiendo el curso de Metodología de estudios universitarios, o de Psicología religiosa, para quienes publicó sendos libros.

Hay un viejo aforismo pedagógico que dice: “Los profesores enseñan tanto por lo que saben, como por lo que son”. Esta vieja sentencia ha tenido escasa atención en el contexto universitario. Lo que uno es, lo que siente y vive, las expectativas respecto de sus estudiantes, etc. afectan a la calidad de la educación, pues gran parte de nuestra capacidad de influencia se deriva de lo que somos, de nuestros modos de relación con los estudiantes y las personas que nos rodean.

Me han dicho que sea breve; breve seré, pues, intentando cumplir las indicaciones dadas. Por eso quiero ir finalizando esta semblanza con el pensamiento de un escritor español (Gregorio Marañón, 1930) quien dice que “el verdadero discípulo no es el que toma de su maestro las cosas, sino los modos…”

Esto es lo que quiero rescatar del Hno. Antonio Castagnetti, sus modos, sus maneras de ser y comportarse consigo mismo y con los demás. Le gustaban los pequeños ritos diarios; a las once de la mañana en punto, llamaba por teléfono diciendo: ¡Hermanito ya está preparado el café! Acompañado siempre de alguna golosina y algunas veces de un sorbito de licor… (para entrar en calor… y por motivos medicinales… (sic) respeto su expresión)

Se puede decir de él como se dijo de otro gran maestro (A. Cisneros): “Me hiciste dudar, me obligaste a reflexionar, pero sobre todo me enseñaste a aprender”… Un buen maestro no es el que enseña mucho sino el que practica el arte de enseñar al estudiante que aprenda por sí mismo… “El profesor no es el saber, sino el mediador del saber”, de esa manera adquiere una posición de guía y orientador, ayudando desde lejos. Es estar sin ser percibido; como el catalizador de la reacción química,… elemento que hace que la reacción se desencadene por sí misma con sola su presencia, pero una vez comenzada él desaparece quedando intacto. Lo mismo sucede con el profesor, que adquiere así una posición de “adulto de presencia ligera” (César Muñoz).

Antonio Castagnetti ha sido una persona plena y un auténtico maestro,… de esas personas que no abundan y que desde la sencillez, el trabajo, el servicio y la entrega desinteresada dejan una estela maravillosa con su vida. Con los estudiantes era comprensivo, al mismo tiempo que exigente, si era necesario… Se ha dicho que “educar es el arte de multiplicar oportunidades para aprender”… ¡Cuántas veces le habré oído decir, respondiendo a mis inquietudes de mayor exigencia: “Hermanito, en la corrección de trabajos de los estudiantes hay que cerrar un ojito… y a veces los dos…”!

El Hno. Antonio era un hombre con una exigencia razonable, que amaba a los demás y en justa reciprocidad era amado por todos. De ello dan fe los profesores que han trabajado con él y los miles de exalumnos de la Universidad que lo recuerdan, lo admiran y valoran su calidad de persona, su saber hacer y decir, su entrega, su sonrisa, su amabilidad… Creo que el mejor homenaje que podemos tributarle es hacer que la Universidad que él soñó se convierta en una realidad.

De esta modo, su recuerdo permanecerá siempre entre nosotros y en él se cumplirá el texto de la Escritura: “Vean que no he trabajado solo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría” (Eclesiastés, 24,30).

Michas gracias

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